Palabras del Señor Canciller Manuel A. Gonzalez Sanz, con ocasión del acto de reconocimiento en honor a la señora Christiana Figueres Olsen

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Amigas y amigos todos.

 

El Acuerdo de París constituye el mayor éxito de la diplomacia multilateral de los últimos tiempos. Las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, guiadas por la Secretaría de la Convención y la Presidencia de la Conferencia,  acompañados por organizaciones no gubernamentales, el sector privado, ciudades, comunidades y personas de muchas nacionalidades alrededor del mundo, demostraron, en una convergencia de voluntades sin precedentes, que es posible abordar los problemas globales más acuciantes mediante el diálogo, el respeto de nuestras diferencias y, sobre todo, por el reconocimiento de nuestra humanidad común. 

Para un país pequeño, democrático y desarmado como el nuestro, que ha confiado al multilateralismo su seguridad y su existencia, estas son buenas noticias.  Significa que el proyecto que nos hemos planteado, como nación sin ejército, es posible. 

Pero el mérito del proceso que culminó con los resultados de la COP21 radica no sólo en lograr consenso en un tema tan complejo, sino, además, en la transcendencia del significado último de los acuerdos alcanzados, que envían una fuerte señal al mundo sobre el tipo de modelo de desarrollo e inversiones públicas y privadas que deberán prevalecer en el futuro.  No es sólo posible, sino indispensable, promover el desarrollo y la productividad al mismo tiempo que se contribuye con la mitigación y la adaptación al cambio climático. 

Desde hace más de medio siglo, nuestro país construye un modelo de desarrollo sostenible y de respeto a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Decisiones históricas visionarias, como las inversiones para la generación de electricidad basada en fuentes renovables, que nos permitieron cerrar el 2015 con un record a nivel mundial de 285 días continuos de generación de energía eléctrica 100% sin hidrocarburos; o la protección de un alto porcentaje de nuestro territorio y la recuperación de nuestra cobertura forestal hasta llegar a un 52%; han sido complementadas con enfoques innovadores, como el Programa de Pago por Servicios  Ambientales; la iniciativa temprana y voluntaria de Carbono Neutralidad; o la reciente presentación de acciones nacionales apropiadas de mitigación (NAMAS) en el sector del café y la ganadería. Ahora, al construir sobre estos esfuerzos históricos, vemos más allá, presentando una visión de largo plazo e introduciendo el concepto de Descarbonización Profunda de la Economía. 

Consecuente con nuestras políticas nacionales, a los tradicionales ejes de nuestra Política Exterior de Derechos Humanos y Desarme, se incorpora el de Desarrollo Sostenible y protección del Ambiente con muchas iniciativas. 

En el  tema de Cambio Climático, Costa Rica forma parte del grupo negociador AILAC, Asociación Independiente de Latinoamérica y el Caribe, constituido formalmente a finales de 2012. Los países de AILAC comparten una posición ambiciosa, responsable con el medio ambiente y las futuras generaciones. Su papel en el proceso que culminó con el Acuerdo de París fue clave en la generación del consenso, pues construyó puentes entre diferentes grupos negociadores de países en desarrollo y desarrollados y aportó propuestas constructivas y balance a las negociaciones. 

Costa Rica también pertenece a la troika, del Foro de Vulnerabilidad Climática (CVF), que presidimos entre el 2013 y el 2014. El Foro es una plataforma de colaboración de los países vulnerables para hacer frente a los principales desafíos relacionadas con el cambio climático global. Desde ese espacio, también ya desde hace algunos años, ponemos de relieve las preocupaciones de los países vulnerables y promovemos la toma de conciencia de los problemas que genera el cambio climático y la necesidad urgente de tomar acciones efectivas. En el proceso de la COP21, el papel de este grupo de naciones fue fundamental, incidiendo más allá de su peso o poder material, en la inclusión de un incremento de no más de 1,5 grados centígrados, como meta deseable. 

En los días finales de la negociación, la presión que había generado este y otros foros, así como la sociedad civil, encontró eco en la llamada “Coalición de la Alta Ambición”, a la que el país también se incorporó, dando como resultado un acuerdo que cumplió en materia del nivel de ambición propuesto. 

Articulando posiciones con otros países latinoamericanos, la región logró incorporar lenguaje inclusivo en el texto final sobre la vulnerabilidad. Esto se logró a pesar de la resistencia de algunos países de África, que buscaban una mención especial a su continente, incluso en la última reunión del G77 cuando el texto final ya estaba sobre la mesa. Este logro resulta de suma importancia, dados los retos que enfrenta en esta materia el istmo centroamericano. 

Costa Rica también marcó una diferencia en París, junto con un grupo de países de pensamiento afín entre los que destacan México, Chile, Filipinas, Guatemala y Perú, al ejercer un importante liderazgo para la inclusión, en el texto del acuerdo, del deber de las Partes de respetar los derechos humanos, la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. Además, se logró la inclusión de una referencia a la equidad intergeneracional, tal y como habían solicitado más de seiscientos jóvenes del planeta que se habían reunido en Costa Rica con anterioridad a la COP en el evento ECOin. 

Esta posición costarricense no es casual, pues en el 2015, el país presentó una iniciativa voluntaria llamada el Compromiso de Ginebra sobre Derechos Humanos en la Acción Climática, por la cual se busca facilitar el intercambio de buenas prácticas y de conocimiento entre los expertos de derechos humanos y de cambio climático. Además, desde 2011, Costa Rica presenta, junto con Eslovenia, Suiza, Marruecos y Maldivas, una resolución en el Consejo de Derechos Humanos sobre Derechos Humanos y Medio Ambiente, por la que se logró establecer, en el 2012, el mandato de un experto independiente sobre la cuestión de las obligaciones de derechos humanos relacionadas con el disfrute de un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible. En la pasada sesión número 31 de ese Consejo, que recién concluyó, se logró aprobar por consenso, una resolución muy sustantiva que, no sólo reconoce el lenguaje de París, sino que también invita a los Estados a seguir considerando el tema de los Derechos Humanos en el contexto de la Convención Marco sobre Cambio Climático. 

Ahora debemos trabajar para desarrollar este y otros elementos acordados en París, como la movilización financiera pública y privada, doméstica e internacional, que se requiere y que ya estamos coordinando con los países llamados “20 vulnerables” o V20, miembros del CVF con los que nos reunimos la semana pasada en Washington. 

Quisiera resaltar, que nada de esto habría sido posible, que no habríamos llegado a este punto de no ser por una mujer a la que hoy rendimos homenaje. Dentro de las personas que contribuyeron de manera fundamental al éxito de París, se coloca en un lugar prominente la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, la costarricense Christiana Figueres. Sus altas cualidades personales y profesionales, su entusiasmo, perseverancia y estilo de liderazgo, que refleja esa vocación inquebrantable por el diálogo y la búsqueda de consensos, fueron un baluarte esencial en el complejo proceso de construcción de este acuerdo y nos condujeron al éxito de París.

La gran enseñanza de París es que frente a un fenómeno global que nos hace a todos interdependientes, los países no podemos actuar unilateralmente. Ningún ejército podrá defender a los países del Cambio Climático y no hay otra salida que continuar los diálogos y consensos necesarios en el ámbito multilateral, para implementar los acuerdos, aumentar la ambición periódicamente y responder a tiempo, de forma contundente y decidida, con soluciones que sean buenas para las personas y el planeta. 

En el nivel nacional, debemos también fortalecer nuestra decisión de alcanzar un desarrollo sostenible con una acción climática centrada en las personas y conjuntar las voluntades en una pronta ratificación de este importante instrumento internacional. Hemos demostrado que la protección del planeta y las futuras generaciones no se contradice con el crecimiento económico y el desarrollo humano, muy por el contrario, ambos objetivos pueden reforzarse mutuamente si trabajamos en soluciones innovadoras. Debemos entonces renovar decididamente nuestro compromiso con ese camino histórico de democracia, solidaridad social, cultural, de paz, de protección de los derechos humanos y del ambiente, que hemos escogido los costarricenses. 

Muchas gracias.