Palabras del Señor Canciller de la República en el Acto Conmemorativo al 70 Aniversario de las Naciones Unidas

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28/10/2015 02:12 PM
 

Estimados señores:

 

Creo que todas y todos los presentes en esta conmemoración nacimos y crecimos en el mundo creado por el sistema de normas y valores plasmados en la Carta de las Naciones Unidas, negociado entre 3,000 delegados de 50 naciones, incluyendo costarricenses. En mi doble condición de ciudadano costarricense y de Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica, es un privilegio conmemorar este 70 Aniversario de la Organización de las Naciones Unidas, pues la relación entre Costa Rica y la ONU es, definitivamente, simbiótica.

Como lo expresara el señor Presidente de la República, don Luis Guillermo Solís Rivera, en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, el pasado 8 de junio,

Desde sus propios orígenes, pero especialmente, a lo largo del siglo XIX, Costa Rica apostó por un desarrollo integral, centrado en el ser humano y marcado por un profundo respeto de los derechos y aspiraciones de las personas; raíz irrenunciable de la convivencia democrática que nos ha caracterizado. Nuestros patricios concibieron que la ruta del progreso está trazada por la emancipación del ser humano de la ignorancia y la pobreza. La riqueza de las naciones debe estar fundada, por ello, en  la riqueza intelectual, moral y espiritual de las personas.  Está en la raíz misma de nuestra historia y de nuestras convicciones. Este modelo costarricense basado en el diálogo, los derechos humanos, la paz, la tolerancia y el respeto absoluto a la diferencia ha marcado nuestra relación con las demás naciones y la política exterior de nuestro país.

Sentimos que la existencia de la ONU, hizo posible que nuestra pequeña Costa Rica se dedicara a consolidar un modelo de desarrollo muy propio, muy costarricense, pero a la vez, íntimamente vinculado con los principios y valores que dieron origen a las Naciones Unidas.

Recordemos que la Carta de la ONU, le aportó a la generación de costarricenses de los años 40s, la seguridad de que al concretar su desarme unilateral, Costa Rica iniciaba un camino de paz y desarrollo, confiando plenamente en el respeto absoluto del derecho internacional y en el desarrollo progresivo de los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas, pues los Estados miembros de la comunidad se abstendrían de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.….”

La abolición del ejército en Costa Rica se produjo solo cuatro años después de la creación de la ONU y poco después del sistema de seguridad colectiva de la Organización de Estados Americanos.

No es casualidad, que Costa Rica haya sido un miembro comprometido, proactivo y decidido, en la construcción de los tres pilares que componen las Naciones Unidas: paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo.

Si bien la historia de mi Costa Rica y su relación con las Naciones Unidas bien merece una ponencia, hoy deseo reflexionar más bien sobre lo que significa la organización para los desafíos futuros de la propia civilización humana.

Pero para ello, debemos primero recorrer brevemente los primeros 70 años de historia. Como si apreciáramos una de las grandes obras de la pintura universal. Desde la distancia, veríamos una imagen acabada. Pero es al acercarnos que descubrimos los trazos del pincel, con los cuales el pintor con luces, sombras, formas y colores, va dando vida a una integralidad.

Hablemos de algunos de los millares de trazos del pincel.

Primero, la propia Carta de las Naciones Unidas. En ella se plasmó un sistema de valores, la brújula ética, el entendimiento mínimo para la vida del ser humano en el planeta que hoy, 70 años después, es la casa común para 193 países, bajo la cual acudimos para encontrar respuesta a los grandes desafíos de la humanidad.

Costa Rica considera que hoy los principios codificados en el  art. 2 de la Carta son más válidos que nunca,  desde la prohibición de la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o la solución pacífica de las controversias internacionales, pasando por la prohibición de intervenir en los asuntos de la jurisdicción interna de los Estados, la cooperación entre los Estados, la autodeterminación de los pueblos, la igualdad soberana de los Estados, además del cumplimiento de buena fe de las obligaciones internacionales. Estos principios fundacionales, buscan el establecimiento y mantenimiento de la paz y la lucha contra aquellas raíces o causas que provocan los conflictos, entre ellas, la pobreza, la enfermedad, la ignorancia, la inseguridad, el desempleo, la desigualdad y la falta de dignidad humana.

Pero la Carta de las Naciones Unidas, en tanto elemento constituyente de la nueva comunidad internacional post II Guerra, habría constituido solamente una promesa, si no se hubiera dado un desarrollo posterior de normas, estructuras, instituciones y procesos de negociación política, en los tres grandes pilares, paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo.

Por ello es que la ONU no es una entidad simple, por el contrario, se trata de una realidad compleja con múltiples componentes e interpretaciones. La ONU es un conjunto de regímenes, es una organización, es una casa común, un espacio para el diálogo global, y es también una organización burocrática, a su vez un paraguas articulador de un sinnúmero de organizaciones mundiales de distinta índole. Su análisis, no es sencillo.

Destaco que la ONU ha generado una gran labor de desarrollo normativo y establecimiento de regímenes para abordar una amplia gama de desafíos humanos. Ese desarrollo progresivo del derecho internacional ha dado como resultado una amplia gama de convenciones y declaraciones en todos los ámbitos, Hay pocas áreas del quehacer humano que no se encuentren incluidas en algún régimen de gobernanza. Los Estados se sienten obligados por estos instrumentos. Además, tiene un órgano de control jurisdiccional para los estados: la Corte Internacional de Justicia; y un órgano para el derecho penal internacional, para juzgar a los responsables de crímenes de lesa humanidad.

Pero, la ONU no solo ha creado normas para regular el comportamiento de los Estados y otros actores de la comunidad internacional. La Organización ha desarrollado todo una red de agencias especializadas que cubren la esfera programática de la ONU. En estas agencias se desarrollan  las agendas aprobadas al nivel político, sobre todo en el eje de desarrollo: por ejemplo en salud, mujer, niñez, ambiente, trabajo, refugio, ciencia, educación y cultura, alimentación y agricultura, migración, propiedad intelectual, comercio, derechos humanos, gestión del riesgo.

Normas e instituciones son entonces las pinceladas que dan el contorno a esa gran obra que es la comunidad internacional.

No es posible hacer una mención de todos los hitos de 70 años de historia. Hoy podemos decir que la ONU constituye el mayor foro de discusión política en el mundo, por su membresía universal, como espacio de negociación, de participación universal goza de la mayor legitimidad. Es, como lo planteaba el Presidente Solís, “la Casa Común de la Humanidad”. Generamos pensamiento y acción global. Generamos doctrina universal.

Como toda obra humana y, sobre todo, como una obra que es producto de la acción de los Estados del mundo, la ONU muestra luces, claroscuros y sombras. Grandes avances, logros, pendientes históricos y desafíos permanentes.

Hemos creado una superestructura: normas e instituciones. Debemos ahora enfocarnos en su funcionamiento y efectividad.

Costa Rica cree firmemente en la frase que simboliza este 70 Aniversario: Unas Naciones Unidas más fuerte, será la base para un mundo mejor.  Como lo planteara el señor Presidente de la República, Costa Rica aspira a que la ONU, fortalecida, renovada y actualizada, sea el epicentro de la gobernanza global. Debemos procurar extender y profundizar la capacidad de la ONU para entregar resultados.

En esa línea, hoy deseo referirme a tres desafíos que creo resumen apropiadamente la discusión actual: los desafíos políticos y de la estructura para la toma de decisiones, los desafíos institucionales y los desafíos relacionados con la gestión del conflicto.

Inicio refiriéndome a la dimensión institucional que es quizás más sencilla. Las Naciones Unidas tiene los mismos desafíos que todas las organizaciones humanas: alcanzar la eficiencia, efectividad, tener mayor impacto, ser transparentes, rendir cuentas, y tener impacto en la gente.

No obstante, hoy sabemos que las problemáticas son multidimensionales, transversales e intersectoriales. Cómo resolver el tema del trabajo alejado del tema de la producción? Podemos desligar la migración y el refugio de la salud? Qué hacer entonces? Creatividad e innovación es la respuesta.

Este aniversario es una oportunidad para que los Estados miembros nos aboquemos a iniciar un verdadero proceso de análisis que nos lleve a innovar en la estructura y funcionamiento de Naciones Unidas y de sus agencias especializadas y en su relación entre ellas. 

La agenda de desarrollo hacia el 2030, plantea una ventana de oportunidad para ello.  Es el nuevo horizonte hacia el cual debe converger toda la institucionalidad internacional. El primer ejercicio para alcanzarlos es transversalizar los ODSs dentro de toda la estructura de la Organización, para coordinar esfuerzos y apoyar a los Estados miembros en su consecución.

No podemos desconocer también que en algún momento deberá darse algún tipo de racionalización institucional, reformular, refundar o reinventar instituciones, para responder a las nuevas temáticas. Se requerirá racionalizar las gestiones administrativas, modernizar y sincronizar tomando en cuenta los nuevos paradigmas y necesidades para adaptar las capacidades a los nuevos retos y nuevas amenazas.

La ONU, más que una organización, es un régimen de convivencia planetaria que regula las relaciones internacionales y provee una plataforma común para resolver desafíos también comunes.

La ONU ha mostrado éxitos como régimen de seguridad al nivel global, en el tanto se ha evitado nuevas conflagraciones mundiales. El despliegue de fuerzas del mantenimiento de la paz por parte de la comunidad internacional, si bien con balances muy dispares, constituye un legado con lecciones aprendidas para atender conflictos localizados.

Sin embargo, no ha sido lo suficiente efectiva en evitar el conflicto o en actuar con rapidez cuando este estalla, con consecuencias funestas para millones de personas.

Esa dificultad para actuar puede vincularse a que el diseño de la organización, su estructura, sus instrumentos y algunas de sus metas se dieron en respuesta a un contexto particular que ha cambiado profundamente en estas siete décadas. Claro que los desafíos del mundo «global» de 1945 no son los mismos del mundo «global» de 2015.

Entonces, la ONU como estructura para la gobernanza tiene que analizar la forma de adaptarse a este nuevo mundo.

La estructura de gobernanza de la ONU debe evolucionar para evitar que colapse su legitimidad.

El 70 aniversario de las Naciones Unidas debe ser momento propicio para repensar la balanza de poder en la toma de decisiones dentro de la organización. Hay que analizar si todavía el sistema internacional requiere o justifica que solo cinco naciones tengan poder de veto sobre las decisiones más trascendentales. Es un debate en el que Costa Rica aspira a participar activamente y que considera fundamental para el afianzamiento de la institución.

Si bien la conflictividad, que es propia al ser humano, ha tendido a manejarse dentro de ciertas fronteras y en ello la ONU ha sido exitosa, las constantes violaciones a las reglas, invasiones territoriales y violaciones masivas de los derechos humanos son inaceptables como subproductos del sistema.  El balance general histórico podría ser positivo, sin embargo para Costa Rica, el desafío más importante para la segunda etapa de la organización es la gestión del conflicto. Prevenir, evitar y detener los conflictos, los Estados miembros no hemos logrado nuestro cometido. A 70 años seguimos en deuda.

Por ello Costa Rica plantea que en este mundo es aún más necesaria una organización de las Naciones Unidas fortalecida. El énfasis de la acción multilateral está en la alerta temprana de la conflictividad. Hoy sabemos lo suficiente como para anticipar dónde están los futuros conflictos. La violación de derechos humanos, las necesidades insatisfechas y la inequidad internacional o interna son indicadores tempranos de conflictos. La seguridad se construye sobre la estabilidad y ésta, a su vez, tiene su base en la satisfacción de las necesidades de las sociedades.

Por esta razón es que Costa Rica promueve que desde la estructura de gobernabilidad global, que es la ONU, se redimensione la acción internacional para promover la vigencia de todos los derechos humanos, como una de las maneras más eficaces de atacar las raíces de los conflictos y no solo aplacarlos por medio de resoluciones del Consejo de Seguridad y el envío de misiones al terreno.

Bien lo decía el Presidente Solís ante la Asamblea General:

“Para consolidar a las Naciones Unidas en el epicentro de la gobernanza mundial, el Consejo de Seguridad debe asumir las responsabilidades que le corresponden en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, tomar en cuenta las consideraciones de los derechos humanos en su accionar y mejorar su labor en materia de prevención de conflictos. El Consejo tiene un enfoque inadecuado para la prevención de conflictos y allí donde actúa, con frecuencia lo hace demasiado tarde”.

Pero los desafíos no solo se refieren a estructuras, sino también a grandes temáticas: el desarme y el cambio climático por ejemplo.

Desde su creación, Naciones Unidas vive bajo una contradicción ética, moral y jurídica: la amenaza real de la proliferación de armas de destrucción masiva, como son las armas nucleares.

Este es sin duda un reto y una tarea inacabada de esta organización en su septuagésimo aniversario. Nosotros luchamos por un mundo libre de armas nucleares, y de destrucción masiva en general, fieles a la tradición pacifista y desarmada de la democracia costarricense.

Para acometer este objetivo, debemos promover una profunda actualización, innovación y refrescamiento de las doctrinas militares y de seguridad. No podemos, en el mundo del siglo XXI, seguir dependiendo de esquemas de pensamiento y de poder creados cuando la humanidad, ni siquiera tenía internet, ni habíamos descifrado el genoma humano, ni habíamos descubierto vestigios de agua en Marte.

Pronto tendremos que superar otro reto y no es menor: la COP 21, desde una perspectiva de responsabilidades "compartidas pero diferenciadas", deberá producir un compromiso tangible, que permita dar sostenibilidad al sistema de gobernanza climatológica internacional. Costa Rica considera que debemos obtener un compromiso sustantivo y no de mínimos, en ese ámbito contribuiremos, como lo hemos hecho hasta ahora, con nuestro mejor esfuerzo y compromiso.

Si no se logra llegar a un acuerdo ambicioso en cambio climático en París en diciembre, la ONU quedará debilitada por el fracaso y la imposibilidad de un acuerdo global. Un acuerdo en París dará una nueva vida al multilateralismo. Si no lo logramos habrá un debilitamiento certero del sistema.

Vemos con profunda preocupación la tendencia al desapego de las normas básicas de la comunidad internacional, especialmente el irrespeto creciente de las normas del derecho internacional humanitario, del derecho internacional de los derechos humanos y, en general, de las normas de la Carta de la ONU. Anexiones de territorios que son, básicamente, irrespeto al principio primigenio del orden internacional, cual es el respeto a la integridad territorial de los Estados; la afectación de civiles en los conflictos armados donde ellos se han convertido en objetivos militares por sí mismos; el irrespeto del derecho internacional de los refugiados instituido en la Convención de refugio de 1951; el uso de armas químicas contra poblaciones civiles, el uso de explosivos en zonas densamente pobladas e incluso, el ataque a hospitales civiles, escuelas y hogares.

En todos los foros actuales deliberamos sobre cómo adaptar toda la gobernanza internacional a la nueva y cambiante naturaleza de los conflictos, que erosionan el derecho internacional.

Por último, se produce una erosión del espacio democrático alrededor del mundo.  Costa Rica se siente especialmente preocupada por esta tendencia porque creemos que la construcción de la paz en el mundo pasa, indefectiblemente, por el desarrollo de las sociedades en el marco de un sistema democrático de gobierno, que respeta los derechos de las personas y que tiene controles para evitar los abusos en el ejercicio del poder. El estado democrático de derecho es una aspiración para la humanidad.

Todos los retos que les he compartido no deben de desmotivarnos. Aunque hay mucho por mejorar, estoy convencido de que el multilateralismo es la mejor opción para que la humanidad pueda construir un mundo cada vez más solidario y de que la Organización de las Naciones Unidas ha incidido, innegablemente, para que en el mundo no hayan escalado los conflictos, como solía suceder, y para que las hojas de ruta en temas como desarrollo sostenible y derechos humanos, sean decididas por el total de la comunidad internacional, y no por la voluntad de unos pocos.

Costa Rica depende y dependerá del derecho internacional y del sistema multilateral para la defensa de sus aspiraciones como Nación. Constituye una alta prioridad para nuestro país fortalecer la Organización de las Naciones Unidas como tal, sus sistemas y subsistemas y, en general, el multilateralismo como fuente de justicia y paz.

En un mundo cada vez más convulso, este aniversario nos recuerda que hoy como hace 70 años, debemos tener una entidad, donde aglutinados todos, tengamos la sensibilidad para comprendernos, valorarnos y la agilidad y destreza para encontrar consensos, nada fáciles, pero absolutamente necesarios. La meta común de mantener la paz, en armonía y en un marco de desarrollo con equidad nos compromete con la alta aspiración de legar un mundo en paz y sostenible a las generaciones venideras.